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Desafiando la violencia al promover una coexistencia pacífica entre los jóvenes en Uruguay

Veinticinco niños de entre 15 y 18 años participaron en la implementación del programa “Aprender a vivir juntos” en Uruguay, gracias a los esfuerzos realizados por tres facilitadores de Jóvenes por Cristo, un movimiento cristiano mundial que trabaja con jóvenes en todo el mundo.

Luego de ser capacitados en el uso del programa “Aprender a vivir juntos” en 2017, la Sra. Gabriela Coito, la Sra. Keissy Correa y el Sr. Jimy Fagúndez comenzaron a implementar el Programa con niños en uno de los centros de Jóvenes por Cristo en Montevideo, llevando a cabo una sesión por semana, por un periodo de siete meses.

Este centro en particular está ubicado en Flor de Maroñas, un barrio caracterizado por su alta vulnerabilidad social y económica. Un gran número de los jóvenes participantes presentaban comportamientos violentos, particularmente durante los últimos años. El objetivo principal del Programa era justamente promover la coexistencia pacífica, no solo entre los jóvenes sino también con sus familias y la comunidad en general.

“La capacitación nos permitió profundizar en nuestros conocimientos y habilidades desde las perspectivas complementarias hasta aquellas que ya han sido usadas por nuestro equipo, pero al mismo tiempo, de cierta manera, nos ayudó a repensar las prácticas y formas de trabajar con estas situaciones”, dijo la Sra. Correa.

A lo largo de la implementación del Programa, los facilitadores trabajaron juntos a fin de fortalecer la capacidad de los niños para tomar decisiones éticas basadas en valores y fomentar el aprender a vivir en solidaridad con gente de diferentes religiones, etnias y culturas. Los niños reflexionaron sobre su responsabilidad individual y colectiva de actuar de manera pacífica y compasiva y debatieron sobre temas como el racismo, la discriminación y la exclusión.

“Creo que AVJ es una herramienta muy valiosa, principalmente por dos razones: su alcance inclusivo, desde una perspectiva ética e intercultural, y su habilidad para adaptarse a diferentes contextos”, manifestó la Sra. Correa, y añadió: “Lo que más me motivó fue entender que nosotros (como adultos) aún tenemos mucho que aprender del intercambio fluido y sincero con los jóvenes con quienes trabajamos”.

La implementación del Programa permitió que el espacio genere nuevas ideas y nuevas esperanzas, no solo para los niños sino también para el equipo de facilitadores. Luego de la implementación, el manual siguió siendo uno de los principales recursos utilizados por los facilitadores como herramienta para abordar otros tópicos y problemáticas.

Agradecemos al equipo de facilitadores por confiar en la efectividad de “Aprender a vivir juntos” en su trabajo con jóvenes en situaciones vulnerables, y a Jóvenes por Cristo - Uruguay, por apoyar la realización sistemática del programa.

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