Historias de implementación

Comunidades de Práctica de Aprender a Vivir Juntos en El Salvador

PROCESOS DE MONITOREO Y EVALUACIÓN

El esfuerzo comenzó hace unos 7 años, sin embargo, en enero de 2014 ante la realidad de nuestro país en donde tenemos aspectos tanto en contra como a favor, y dentro de una diversidad de entidades religiosas que gozan de confianza en sus ambientes o comunidades sociales, se relanzó la implementación del Manual de Educación Ética Aprender a Vivir Juntos.

Desde que conocí el manual descubrí en él un potencial de motivar a la convivencia interreligiosa, la posibilidad de un conocernos y descubrir unidad en la diversidad, identificarnos con los sueños de los otros y las otras, saber que también tenemos la capacidad de construir nuevas relaciones y promover alternativas no violentas.

Con todos los aportes que Aprender a Vivir Juntos ha tenido entre los jóvenes de nuestros grupos religiosos y aprovechando nuestras incidencias en la educación formal y no formal, se decidió acompañar la implementación de Aprender a Vivir Juntos en 6 núcleos de organizaciones que están implementando el programa, y sistematizar las experiencias y aprendizajes a lo largo del camino por un período de diez meses.

Como era de esperarse, Aprender a Vivir Juntos atrajo a más núcleos de los que habíamos inicialmente pensado; en este momento tenemos nueve que se encuentran comprometidos y con mucho entusiasmo para crecer más. Desde el taller que tuvimos para facilitadores en Aprender a Vivir Juntos en el mes de enero en donde tuvimos 30 participantes, hasta el mes de mayo en el que se incorporaron diez personas más, las experiencias vividas por todos los núcleos y como comunidad de práctica han sido muy gratificantes.

Los planes hechos por cada comunidad de práctica (núcleos) se han modificado en el proceso dado que en los últimos meses se han suscitado cambios políticos y sociales en cada comunidad y a nivel nacional. Por diversas razones las acciones de violencia han incrementado, incluso viéndose afectados de manera directa algunos de los miembros de los núcleos. A pesar de ello, contamos con facilitadores voluntarios en cada comunidad que se destacan por su compromiso y dedicación para trabajar por el bienestar de nuestra niñez.

Este proceso nos ha permitido reconocer lo valioso de las vidas de quienes están facilitando la implementación de Aprender a Vivir Juntos, sus experiencias, sus pensamientos, su espiritualidad, la cual también comparten con nosotros, y que fortalecemos juntos en nuestros encuentros.

También nos ha permitido acercarnos a nuestra niñez, a tener luces para poder orientarnos mejor en nuestro caminar y crear junto con ellos y ellas un nuevo espacio con el cual identificarnos mutuamente; un espacio en el que les gusta convivir y que se sienten seguros y seguras; es así como se llena uno de alegría y esperanzas cuando vemos las sonrisas de nuestros niños y niñas, escuchamos sus opiniones tan sinceras y cargadas de buenas preguntas que desde su inocencia plantean, y que justamente se las hacen porque en el mundo adulto hemos complicado las relaciones humanas.

Hasta la fecha, son cuatro comunidades de práctica que han iniciado la implementación de forma más sistemática, atendiéndose en total aproximadamente 400 niños y niñas. Se espera que en la medida en que se activen los otros 5 núcleos podríamos doblar la cantidad atendida.

Los aprendizajes que hemos tenido hasta el momento nos siguen motivando y nos ayudan a crear mejores estrategias para la atención. Por ahora al grupo de niños y niñas que se acompañan en los núcleos, a los facilitadores y a quienes estamos facilitando el monitoreo y evaluación, nos queda siempre concluir que seguimos en el proceso de Aprender a Vivir Juntos.