Historias de implementación

Promoviendo “Aprender a vivir juntos” en Latinoamérica y el Caribe: Una historia de servicio y convicción

La Sra. Mercedes Román ha sido una fuerza impulsora clave en la implementación y difusión del programa “Aprender a vivir juntos” en América Latina y el Caribe desde antes de su concepción. Formó parte del primer grupo de expertos, reunido por Arigatou International en 1998, para trabajar en el lanzamiento de la Red Global de Religiones a favor de la Niñez (GNRC por sus siglas en inglés), y ha estado trabajando con Arigatou International desde entonces.

Como Coordinadora de la GNRC para América Latina, realizó varios talleres de prueba en la región para ensayar lo que entonces se conocía como la Caja de Herramientas de Educación Ética. Después del lanzamiento de “Aprender a vivir juntos”, ha realizado innumerables Talleres de Capacitación para Facilitadores tanto en la región como en Europa.

La Sra. Roman ha dedicado su vida de trabajo a servir a los más vulnerables de nuestra sociedad y promover los derechos del niño para contribuir a su desarrollo pleno y sólido. Hoy en día, es la Asesora Principal de la GNRC en América Latina y el Caribe y también forma parte del grupo de expertos que trabajan en la adaptación del programa “Aprender a vivir juntos” para la mediana infancia.

En esta entrevista, ella nos habla sobre su labor trabajando con niños y mujeres en situaciones vulnerables, y cómo su familia y trasfondo religioso le inculcaron un fuerte sentido de justicia, generosidad y atención hacia los miembros más necesitados de la sociedad.

 

Mercedes 3Sra. Mercedes Román (cuarta de derecha a izquierda) junto con otros miembros del Primer Consejo Interreligioso sobre Educación Ética.

 

  • Cuéntenos acerca de usted y su labor trabajando por los derechos y el bienestar de los niños

Nací en Ecuador y hasta los 18 años viví en mi ciudad natal, Latacunga, una capital de provincia entonces muy tranquila, con relaciones familiares y sociales muy fuertes. Crecí en una familia extendida, con mucha protección y un sentido natural de cuidar del otro. Soy la mayor de 4 hermanos, mi padre nos inculcó un fuerte sentido de justicia, y mi madre fue un ejemplo de generosidad. La persona con mayor influencia en mi infancia y adolescencia fue mi abuela materna, muy devota practicante católica, preocupada y orgullosa de sus 33 nietos.

Las Hermanas de la Caridad en mi escuela católica, a los 8 años nos motivaban a participar en la Congregación Luisa de Marillac, cuya misión era asistir a pobres y ancianos. Además de hacer colectas en la ciudad para los pobres, debíamos visitar a una persona anciana; la mía se llamaba Eloísa, era muy pobre y delicada de salud, y en mis memorias están mis visitas a ella en el hospital. Esta fue una gran lección de vida para mí, aprendí que el cuidado al más débil va más allá de la ayuda material, y experimenté que ayudar a los más pobres y débiles me hacía feliz. Era muy niña para entender la pobreza como un problema socio-estructural, pero este entendimiento fue desarrollándose y así fue como decidí estudiar Sociología. Hice también un diplomado en Antropología y 3 años de Filosofía.

Mi vocación para trabajar por los más débiles socialmente nació en un contexto católico, y ese núcleo de religiosidad y preocupación social siempre se mantuvo. Comencé a trabajar siendo estudiante universitaria, y todos mis trabajos han mantenido ese núcleo; mi primer trabajo fue en el Movimiento Familiar Cristiano, el segundo en Iglesia y Sociedad para América Latina, que fue una organización ecuménica. Más tarde y por 22 años, mi esposo y yo fuimos misioneros Maryknoll, una institución católica que enfatiza en su misión una opción preferencial por los pobres.

Mercedes 02

Con Maryknoll, mi primera misión fue con la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos en Ecuador, sobre derechos de las mujeres de barrios muy pobres. Algunas de ellas eran analfabetas, pero ellas para mi fueron una “segunda universidad”. Trabajando con ellas sobre la relación madres/hijos, fueron desvelándose para mí las carencias y violencias contra los niños, como un problema social de gran magnitud. Después de trabajar 6 años con mujeres pobres y violentadas, fueron ellas quienes me dijeron: “…ya entendimos, y nos vemos como personas con derechos, pero muchas cosas para nosotras son demasiado tarde, trabaja por los niños”, y así lo hice. Con una pequeña donación, y la colaboración de amigos y personas trabajando por niños, en 1987 fundamos oficialmente la Sección Ecuatoriana de Defensa de los Niños Internacional (DNI). DNI-Ecuador fue pionero en la investigación y denuncia del abuso sexual de los niños, preocupación que nació en mi trabajo con las mujeres. Mi trabajo por los derechos de las mujeres se desdobló en el trabajo por los derechos de los niños.

Tuve el privilegio de enrolarme con DNI en los años de la redacción, adopción y luego promoción de la Convención de la ONU de los Derechos del Niño, y para ello trabajé primero desde Ecuador y luego desde New York, como Representante Permanente de DNI en la ONU y UNICEF. Más tarde ejercí la misma representación para la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll. En medio de estas dos representaciones trabaje 3 años en Paraíba, Brasil con la Pastoral del Menor, también en el campo de prevención al abuso sexual de los niños.

 

  • ¿Cuándo se involucró por primera vez con Arigatou International, la GNRC y el programa “Aprender a vivir juntos”?

Fue al final de mi periodo de Brasil, en 1998, cuando la fundación Arigatou me invitó a ser parte del comité de trabajo para la preparación del lanzamiento de la Red Global de Religiones a favor de la Niñez (GNRC), que se dio en el 2000 en su Primer Foro. Esta propuesta de diálogo interreligioso a favor de los niños a nivel global, resultaba muy atractiva como muy desafiante. La primera certeza del comité fue explicitar que el marco de trabajo de la GNRC sería la Convención de los Derechos del Niño. Ya creada oficialmente la GNRC se vio la necesidad de concretizar su misión en propuestas programáticas. Así surgió la iniciativa de Educación Ética con una oficina en Ginebra. En el Segundo Foro de la GNRC (2004) se lanzó oficialmente esta iniciativa, y después de 4 años de trabajo, en el Tercer Foro de la GNRC (2008) se lanzó “Aprender a vivir juntos” (AVJ), como una herramienta pedagógica práctica para trabajar educación ética con los niños.

 

  • ¿Cuál fue su rol durante el desarrollo y el periodo de prueba del programa “Aprender a vivir juntos”?

Hasta el 2015 fui la Coordinadora de GNRC para América Latina y el Caribe (LAC), y como tal, participé en los trabajos preparatorios del manual AVJ. Paralelamente en LAC la propuesta de dialogo inter-religioso a favor de los niños de la GNRC fue instalándose a nivel de países a través de comités interreligiosos. Desde estos comités ha sido posible la implementación de AVJ, comenzando en el 2005 con 4 talleres pilotos (en Colombia, Ecuador, El Salvador y Panamá), previos a la edición del Manual. Luego vino la tarea más complicada, la de la implementación que, como está concebida en el programa, comienza con talleres de capacitación a personas que trabajan con niños, tanto en la educación formal como informal. En LAC se ha entregado alrededor de 32 capacitaciones, especialmente a personas trabajando en la educación informal y en programas para niños de instituciones religiosas. En estas capacitaciones han participado personas de 16 países. Muchas de las actividades que sugiere el manual, y una buena porción de cómo se estructuran ahora los talleres de capacitación surgieron en los talleres en LAC.

Mercedes 5 Ecuador 2007Sra. Mercedes Román en un Taller de Capacitación para Facilitadores en Ecuador, 2007.

 

  • Luego de tantos años involucrada con AVJ, ¿cuál cree que sea la mayor contribución del Programa para la sociedad en LAC?

La GNRC como está concebida, es una red que depende de la colaboración de otras instituciones religiosas, pero lo que la GNRC tiene para ofrecer es el programa de Educación Ética, con AVJ como un instrumento concreto para trabajar valores con los niños, y esta es una oferta que tienen demanda. Como muchos, yo pienso que los problemas mundiales, la violencia en sus diversas formas, comenzando por la pobreza e inequidad social, y pasando por la destrucción ecológica, son problemas éticos. Los recursos económicos a nivel mundial son cada vez mayores, pero la pobreza, la violencia social y ecológica no se resuelven, por una falta de ética en el quehacer político. Los niños se nutren de esta cultura violenta y destructiva, por ello se vuelve urgente introducir en su educación nuevas visiones éticas, participando desde temprana edad en acciones basadas en valores éticos, construyendo una cultura de paz, que es la propuesta de AVJ.

 

  • ¿Puede compartir con nosotros una historia sobre el impacto del Programa?

El impacto de programas socio-educativos dirigidos a cambios personales de actitudes, en si es una tarea muy difícil de medir, los cambios de las visiones humanas son en gran medida intangibles, y acciones concretas desde los mismos niños, como producto de nuevas actitudes éticas, es solo una medida. Además, capacitaciones que se dan pueden desplegarse en caminos y acciones no previstas y hasta imposibles de monitorear.  Aquí dos ejemplos de casos concretos de impacto de AVJ, los dos tienen que ver con Ecuador, pero se entrelazan con otros países de la región. El primer caso tiene posibilidades de monitoreo, del segundo tenemos solamente una información informal y casual.

Maribel León, maestra ecuatoriana, recibió la capacitación de AVJ mientras trabajaba como misionera en Guatemala. De regreso a su país ha estado implementado AVJ en el colegio católico donde trabaja con estudiantes adolescentes. Un impacto concreto de su trabajo es el compromiso que tomaron las jóvenes adolescentes que recibieron AVJ, para a su vez trabajar con niños pequeños, dentro del programa de valores del Colegio. Este es un caso factible de monitoreo y evaluación.

Ismenia Íñiguez, como funcionaria de UNESCO-Ecuador colaboró y participó en uno de los talleres de capacitación entregados en este país. Años más tarde UNESCO Perú la contrató para elaborar material de apoyo al trabajo docente sobre no discriminación y cultura de paz; y, posteriormente, para un proyecto de innovación educativa en el Distrito de San Marcos, zona indígena quechua hablante de Perú. En una conversación casual, Ismenia informó que ella usó AVJ en el material y en capacitaciones a docentes de San Marcos. Este es un impacto no previsible al momento de la primera capacitación, y que no estaba sujeto ni a monitoreo ni a evaluación.

 Mercedes 6 LTLT AdaptationSra. Mercedes Román en la Reunión de Expertos para la adaptación del programa “Aprender a vivir juntos” a la mediana infancia en Suiza, 2018.

 

  • ¿Qué recomendaciones tiene para que Aprender a Vivir Juntos responda a las nuevas necesidades y retos en las sociedades de América Latina?

Un obstáculo para introducir AVJ en el sistema de educación pública en LAC es la connotación religiosa en la portada del manual; la frase “un programa interreligioso” cierra puertas en las escuelas públicas de la región, que son las mayoritarias y más necesitadas en el trabajo de valores. Las autoridades de educación pública aseguran la tradición laica de este sector con mucho celo. Sin cambiar los contenidos de AVJ, este caminaría más fácilmente en todo tipo de educación si la interculturalidad y la inter-religiosidad de su propuesta y contenidos fueran una explicación al interior en la introducción del manual, como una herramienta para trabajar valores con niños que se adapta a diferentes contextos.

 

  • Al cumplirse diez años ¿qué retos y oportunidades ve usted para “Aprender a vivir juntos” en LAC?

Entre instituciones religiosas de LAC, la GNRC es conocida como la organización que implementa Educación Ética y el Día de Oración y Acción, siendo en el primero donde se han puesto los mayores esfuerzos. A pesar de esto, en cuanto impacto AVJ como programa confronta problemas en la sostenibilidad de su implementación, pues no se cuenta en sitio con recursos humanos para apoyar y monitorear esta implementación. Quienes se capacitan salen muy motivados de los talleres, pero necesitan más apoyo en la implementación desde sus mismas instituciones y desde el mismo programa.

AVJ está concebido para niños de 12 a 18 años, pero padres y educadores perciben que hoy en día los niños en estas edades ya son independientes en cuanto información que influye en la formación de sus valores. Algunos educadores han comenzado por su cuenta a adaptar AVJ para niños más pequeños. Dado este hecho, los nuevos esfuerzos de la oficina en Ginebra para ofrecer materiales para niños de 6 a 12 años dentro de la concepción de AVJ son muy importantes.

 

Queremos agradecer a la Sra. Román por concedernos esta entrevista. Su servicio de toda una vida es una inspiración para quienes trabajan hacia la construcción de una sociedad más justa y pacífica para el bienestar de los niños.