Aprender a vivir juntos: El papel de la educación en la prevención del extremismo violento

Rev. Dr. Hans Ucko

Cada vez que escucho palabras como "extremismo violento", es como si estuviera agotado y un sentimiento de fatiga me sobrepasase. Las palabras evocan imágenes de niños niñas y jóvenes muertos y heridos. Los niños como víctimas. Está Alan Kurdî, el niño encontrado ahogado en una playa en Turquía. Está Omran Daqneesh, el niño cubierto de polvo en una ambulancia en Alepo limpiando sangre de su rostro. Las primeras víctimas de la guerra y el conflicto son niños. La retórica política y religiosa que defiende la violencia está atrayendo y motivando a individuos o grupos, pero no hay nada que pueda justificar la violencia contra los niños y las niñas.

 

Estamos agotados porque somos impotentes viendo a los niños morir a causa de las bombas y en las olas de los mares. E incluso cuando se hace un trato político, se decide una tregua, se promulga una declaración, el sufrimiento continúa y los niños mueren y yo no puedo hacer nada al respecto. Y hemos visto que muy a menudo los intentos de poner fin a los conflictos, al contrario, conducen a más muertes y a una polarización de las condiciones.

¿Presionar el botón de “no me gusta” en Facebook es la única salida para expresar mi frustración? No estoy siendo trivial. La pregunta sigue siendo, ¿qué más podemos hacer? El botón de “no me gusta” puede hacernos sentir bien, pero no hará ningún bien.

El extremismo violento evoca no sólo imágenes de las víctimas, sino de manera igualmente gráfica las imágenes de los victimarios. Tu primera reacción no es el dolor. Estás lleno de repulsión, sacudes la cabeza, y es espantoso y terrible ver lo que ves. ¿Estarán también cerca de donde vives? Ves cómo todo se desmorona, la manera en cómo son las cosas y el orden al que te has acostumbrado, todo comienza a colapsar y las paredes decoradas de tu propio espacio seguro caen. Ves que el mundo que construiste está comenzando a derrumbarse. Y en el miedo y la desesperación buscas la manera de salir de esta ansiedad y frustración. Das la espalda a lo que ves y apagas cualquiera de los pocos canales restantes para la comunicación que puedan haber existido. Terminas demonizando al otro. Tu única salida es pensar en categorías de esencialismo como un modus operandi, mirando a los victimarios en características inmutables e inflexibles. No puedes distinguir ninguna variación entre los victimarios y si lo haces, simplemente los considerarás como mucho algo secundario. Son todos iguales.

El miedo primordial erige paredes para mantener a los victimarios lejos de ti, asegura que no vivan entre nosotros, prefiere rellenar horizontes y recuerdos con imágenes de cómo solía ser, preguntándote a ti mismo y a tus amigos. "Où sont les neiges d'antan" ("¿Dónde está la nieve de antaño?") Y no tomas en cuenta que la nieve se ha ido, se derritió el año pasado como hace la nieve y que el paisaje que está ahora ante ti es completamente diferente.

Cada vez que hablamos de extremismo violento es algo que está más allá que entre nosotros aquí. Nuestras mentes parecen incapaces de disociarlo de lo ajeno, de lo que no pertenece a nosotros. Nunca es de nuestra casa. Es de su casa. Siempre es el otro, el que no pertenece aquí.

El miedo absoluto nos sorprende cuando un día descubrimos que no son extraños y extranjeros. Son los nuestros y se parecen a nosotros. Nuestros propios jóvenes se vuelven contra nosotros y han cambiado completamente. Abandonan nuestro contexto cultural y mentalmente y terminan en Siria o Irak, queriendo destruir el mundo que dejaron con un compromiso que parece fanático. ¿Qué hacemos?

A la luz de los acontecimientos, cuando ellos mismos son asesinados y recibimos su historia tal cual era, podemos empezar a entender que los victimarios, en última instancia, son víctimas ellos mismos. Son los adultos jóvenes o adolescentes, sólo un poco mayores que el niño en la playa o en la ambulancia, que de repente desaparecen de casa y se convierten en jóvenes asesinos y suicidas. Y surge la pregunta, ¿Cuándo aún estaban con nosotros, qué recibieron como guía, educación y manera de vivir? ¿Qué les dimos, mientras estaban en casa con nosotros que les haría anhelar mundos completamente diferentes de los nuestros? ¿Qué los hizo abrirse a la instrucción que reciben en Siria o Irak? ¿Fijamos los parámetros para la educación sobre el extremismo violento? ¿Qué les dimos o no les dimos para que una visión de extremismo violento se apodere de ellos?

El extremismo violento no surge de la nada. Es una reacción a algo que ha crecido dentro hasta el punto de no retorno. No es como si, al caminar alrededor, estaban descubriendo hermosas flores un poco más abajo en el camino para mirar y admirar. Hay un punto de ruptura, una necesidad de cerrar las puertas detrás de uno mismo. Algo ha salido completamente mal.

A fin de entender por qué se fueron, por qué se volcaron a tal violencia, hay quienes quieren tomar atajos o encontrar respuestas fáciles, reacios a hacer preguntas sobre por qué los jóvenes sienten la necesidad de salir y de dónde, en lugar de estar más dispuestos a ver a dónde se fueron. Esquivamos las complejidades y estamos prestos a culpar al Islam. El Islam es visto como el vehículo para el extremismo violento. Es un atajo peligroso cuando se comienza a amalgamar: el Islam y el terrorismo van de la mano y que cualquier musulmán es un terrorista potencial o propenso a involucrarse en el extremismo violento. Es una pendiente resbaladiza en un pantano de odio y una polarización peligrosa de la sociedad hacia un colapso final. Hay señales siniestras en muchos lugares: la actual campaña electoral en Estados Unidos, el perfil de los musulmanes en muchos países de la UE, etc.

Por supuesto, la conversación de los musulmanes como una quinta columna tendrá consecuencias. Los musulmanes se sienten inseguros. Esto pondrá inesperadamente a los musulmanes en el borde. Te encuentras en muchos intercambios con los musulmanes, cuando las palabras y frases de autodefensa ya desde el principio entran en la conversación, independientemente del contenido y la dinámica de la reunión. Es destructivo y perjudicial para el conjunto de la sociedad buscar respuestas al problema del extremismo violento en el umbral del Islam. Es un callejón sin salida para la cohesión en la sociedad poner la culpa del extremismo violento sobre el Islam o hacer la violencia intrínseca al él. Es mentira afirmar que los musulmanes, si se acercan lo suficiente, serían más propensos que otros en relación con el extremismo violento. Nos encontramos con esta inquietud en muchas comunidades musulmanas en Europa. No es una inquietud a priori que no puedan vivir entre nosotros; es una aprehensión y ansiedad a posteriori nacida del esencialismo y la islamofobia que han encontrado en el camino.

Ludvig Holberg, escritor, filósofo y dramaturgo de Dinamarca y Noruega a principios del siglo XVIII escribió la obra "Jeppe de la colina, o el campesino transformado". En la obra Jeppe está en el suelo, borracho, desaliñado y revuelto. Él dice: "Alle sier at Jeppe drikker, men ingen spør HVORFOR Jeppe drikker" ("Todo el mundo sabe que Jeppe está bebiendo ... Pero no hay nadie preguntando, ¿por qué está bebiendo este hombre?")

La bebida y la miseria de Jeppe no vienen ni del cielo, ni del infierno, ni de un día para otro. Así como así. Vienen de una situación en la que, si quieres entender por qué Jeppe está bebiendo, tienes que escuchar toda la historia, cómo empezó, qué pasó, cuáles fueron sus sueños, dónde rebotó contra la pared, qué sintió y qué dijeron los otros? Es una larga historia y cualquier atajo que tomes para evitar escuchar a Jeppe te llevará por mal camino y no quedarán nada más que estereotipos.

Sucede que ni siquiera hay una luz en el túnel y en una situación así, o bien cedes y te hundes con la ayuda de la botella o haces como Sansón en la Biblia, oras a Dios. “Entonces Sansón llamó a Jehová y dijo: Señor Dios, acuérdate de mí y fortaléceme sólo una vez, oh Dios, para que con este único acto de venganza pueda pagar a los filisteos ... Y Sansón agarró los dos pilares del medio sobre los que descansaba la casa, y apoyó su peso contra ellos, su mano derecha en uno y su mano izquierda en el otro. Entonces Sansón dijo: -Dejadme morir con los filisteos. Y la casa cayó sobre los señores y sobre todo el pueblo que había en ella "(Jueces 16, 28-30). El templo se derrumbó encima de él y de sus enemigos por igual! ¡Un bombardero suicida!

Si bien no hay excusa para el extremismo violento y no debe descartarse en el eslogan político y la jerga, no debemos considerarlo sólo como un problema con la religión en general y el Islam en particular. El actor principal que provocó el suicidio de Sansón y toda la gente que trajo consigo son el pueblo y la sociedad en la que vivía y donde su voz no se transmitía y nadie la escuchaba. La sociedad siguió sin él o simplemente se aprovechó de él. El extremismo violento en el Medio Oriente que nos asusta y lleva nombres como Daesh o Al-Qaeda se refiere a nombres y eventos que fueron traídos de nuestra parte del mundo. Estos nombres son recuerdos corrosivos y nunca llegan a descansar, sino que continúan doliendo y quemando.

Recordamos este año el centenario del Acuerdo Sykes-Picot entre las potencias coloniales de Gran Bretaña y Francia, al que el Imperio ruso asintió, que definió las esferas de influencia y control mutuamente acordadas en el Oriente Medio y a ninguno de los que siempre habían vivido allí se le pidió participar. El establecimiento del Estado de Israel tenía las buenas intenciones de cumplir el sueño judío y curar la situación judía del exterminio pero condujo al exilio forzado o el éxodo de los que vivían en Palestina. Y no había Tierra Prometida en el horizonte sino sólo campos de refugiados. La colonización estaba quizás en camino de ser desmantelada, pero el sabor amargo de los frutos de la subyugación y la alienación se mantuvo en la memoria y no es posible asumir fácilmente una nueva identidad. La invitación a venir como "Gastarbeiter" (trabajador inmigrante) a Alemania y otros países europeos puede haber dado sueldos razonablemente buenos, pero el Gastarbeiter nunca fue realmente aceptado. Basta citar las "identidades mortuorias” de Amin Maalouf: "¿Cómo no sentirse inseguros y privados de sus verdaderas identidades? Están viviendo en un mundo que pertenece a otros y obedece reglas hechas por otros, un mundo donde son huérfanos, extraños, intrusos o parias? ¿Qué se puede hacer para evitar que algunos sientan que han sido privados de todo y no tienen nada más que perder, de modo que vienen, como Sansón, a orar a Dios para que el templo se derrumbe encima de ellos y sus enemigos por igual?

Si queremos abordar el problema del extremismo violento y en particular el extremismo violento inspirado en la religión, no es suficiente protestar en contra de la violencia. Debemos trabajar para contraatacar las condiciones bajo las cuales se humilla o denigrada a las personas por ser parte de un grupo étnico, religioso o nacional. Y hoy esto es una verdad ineludible y una realidad: los árabes están sangrando, los musulmanes son injuriados, los migrantes son temidos.

¿Qué se necesita para empezar a abordar el extremismo violento de una manera que sirva para aprender a vivir juntos? Ante todo hay que tener una nueva visión de la sociedad, una sociedad de cohesión, donde exista un sentimiento de pertenencia, sí, más que un sentimiento, un pegamento que nos mantenga unidos, para que no seamos solo como barcos que se cruzan en la noche pero que por lo demás viven en mundos paralelos, sin relacionarse entre sí o que cuando se encuentran solo lo hacen como víctima y victimario. Y en la búsqueda de una nueva visión de sociedad, deberá existir la necesidad de diversidad y pluralidad, no como una concesión, sino como a priori. La religión tendrá tanto espacio como la no religión, tanto secularistas como humanistas, agnósticos como creyentes firmes, poetas y campesinos, espacio para aquellos que acaban de llegar y para aquellos que han estado allí por mucho tiempo.


Hay en muchos lugares diferentes una comprensión de que nuestro tiempo exige un nuevo pensamiento común para satisfacer las necesidades de hoy, pero parece que todavía no sabemos cómo lograrlo. No parece que tengamos la metodología o el proceso y todavía no estamos seguros acerca de cómo debe ser el producto final más que en términos generales y tal vez más como una visión. El reconocimiento de que hay una necesidad de repensar la forma de moldear la sociedad para que realmente considere la pluralidad como una realidad dada, debería hacer que los muchos interesados consideren que lo que podemos hacer juntos no debemos hacerlo por separado.

Personas de diferentes culturas, creencias y convicciones, tanto religiosas como no religiosas comparten un espacio, aunque no siempre en el mismo nivel o en igualdad. La globalización, la migración económica y la reciente crisis de los refugiados han cambiado muchas sociedades, y las seguirán cambiando, aun buscando una sostenibilidad que funcione. Muchos musulmanes viven desde varias generaciones como trabajadores importados en Europa y están luchando con la percepción y la realidad de la exclusión o la marginación. Todos buscan un papel significativo y constructivo en la formación de una sociedad a tono con la pluralidad.

Para que la cohesión se convierta en una realidad definitoria en la sociedad, nos veremos obligados a reconsiderar y re-imaginar posturas cimentadas, enseñanzas establecidas, verdades eternas percibidas e incluso aquello a lo que nos referimos como revelación divina. A pesar de que no forma mucha parte de nuestro tiempo, al decir que es más único que en otros momentos, el significado de la pluralidad necesita hoy ser tomado seriamente incluso en la disposición de la sociedad misma. Esto significa una apertura para revisar y re-imaginar lo que hemos recibido. Esto no quiere decir que no hayan dificultades y obstáculos. Tendremos que navegar entre dos extremos: "hecho consumado", lo que hemos recibido como un eterno menú para la sociedad plural, y "tabula rasa", que nada de lo que hemos recibido importa más. Tampoco servirá como clave para aprender a vivir juntos en un mundo cambiado. La educación tendrá que luchar con una metodología que puede hacer frente a un mundo que se rige por más de una reiteración del ayer.

Esto, por lo tanto, tocará a la religión presente en la sociedad. Siempre existe el riesgo de cooptar a Dios al servicio de las instituciones políticas humanas. La pregunta que nosotros, como personas religiosas, necesitamos hacernos es: ¿Cómo nos cambia la fe? ¿Nos hace mejores personas, más bondadosas y más compasivas con los demás? ¿Altera nuestra perspectiva sobre cosas como la violencia, la guerra y el sufrimiento? ¿Qué narrativa prevalecerá en última instancia? Las personas de fe necesitan tomar posesión de las consecuencias éticas de sus ideologías. ¿Podemos tolerar una definición de la vida religiosa cuya esencia se define por cómo tratamos a los demás? Aquellos que piensan que son dueños de Dios creen que tienen el derecho de determinar a quién ama así como las implicaciones legales de ese amor. Por lo tanto, ¿podemos reconocer la primacía religiosa de lo ético en el sentido de que el propósito esencial de la religión no es el ritual o la fe en Dios, sino más bien una vida definida por la sensibilidad ética hacia los demás? La primacía de lo ético debe definir la teología religiosa y la autoridad. La religión debe enseñar que a pesar de la trascendencia de Dios, el amor a Dios no puede cegar a las personas religiosas ante las realidades de la dignidad y la necesidad
humana.