El desafío ético de la actual crisis de refugiados en Europa

Barry van Driel

Barry van Driel*

Entre el 6 y el 15 de julio de 1938, más de 30 países se reunieron en Évian-les-Bains, Francia, para discutir el drama de los judíos alemanes y austriacos y para buscar soluciones a un creciente problema de refugiados. Los judíos de Alemania (y de Austria) habían sido despojados de sus derechos humanos básicos y estaban desesperados por encontrar refugio. Numerosos Estados tenían cupos migratorios establecidos, pero ninguno (la República Dominicana estaba dispuesta a recibir refugiados pero a cambio de grandes sumas de dinero) aceptaba aumentar los cupos para recibir a estos refugiados. Las razones expuestas fueron el desastre de la Gran Depresión, el desempleo, etc. Aunque muchos representantes se mostraban comprensivos, en su retórica, ante el drama de los refugiados judíos, su mensaje fue claro: este no es nuestro problema y no tenemos ninguna responsabilidad; todo esto se mezcló en un cóctel letal de miedo, odio y desconfianza.

Los judíos no sólo encontraron las puertas cerradas a nivel político por aquel entonces, sino que el incremento de la violencia contra los judíos de Europa no despertó necesariamente ninguna empatía. Era el momento en el que las ciencias sociales emergían, especialmente en Estados Unidos. Los resultados de cientos de sondeos en Estados Unidos solo pueden generarnos preocupación sobre la actual crisis europea y global de refugiados. Unos meses antes de Kristallnacht, el pogrom asesino de noviembre de 1938, una encuesta nacional mostraba que no menos del 58% de los americanos estaban de acuerdo en que los judíos eran al menos en parte responsables de su propia persecución. Seis meses después de este pogrom de amplia cobertura, otra encuesta mostró que solo el 21,2% de los americanos pensaba que su gobierno debía aceptar más inmigración judía. No disponemos de datos estadísticos para Europa, pero debieron ser sin duda similares. Incluso Ana Frank se refiere al creciente antisemitismo (en 1944!).

Escribió:
“Lunes, 22 de mayo de 1944,
Querido Gatito,
Para nuestro profundo desaliento y consternación, hemos oído que mucha gente ha cambiado de actitud con respecto a nosotros, los judíos. Nos han dicho que el anti-semitismo ha proliferado en círculos en los que en otra época habría sido impensable.”

Este hecho nos ha afectado a todos nosotros muy, muy profundamente. Ahora conocemos el resultado del fracaso de no aceptar a los judíos que huían desesperados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Europa se enfrenta ahora a su más grave crisis de refugiados desde aquella época y, una vez más, Europa está a prueba para ver si el miedo, el egoísmo, el odio y la desconfianza reinarán de nuevo o si la compasión, la solidaridad, la empatía y el sentido de la responsabilidad brindarán techo y refugio seguro a aquellos que más lo necesitan. Miles de voluntarios a través de Europa han llevado la antorcha de la empatía y de la responsabilidad ayudando a los refugiados con sus propios medios y a veces más allá. Son verdaderos héroes. Pero al mismo tiempo, más y más gobiernos están tomando el camino de Évian y encuentran excusas para dar la espalda al más necesitado, utilizando cualquier pretexto. Menos marcado por el anti-semitismo esta vez, el flagelo del pasado siglo, pero ahora infundido con un sutil y no tan sutil sentimiento islamofóbico. Como las encuestas de finales de los años 30, el público general y, desgraciadamente, demasiados jóvenes en toda Europa están tomando actitudes intolerantes. Los refugiados de hoy, como Ana Frank por aquel entonces, ciertamente no ignoran estas actitudes hostiles.

Europa está claramente en una encrucijada y se someterá a prueba no solo en los próximos meses sino en los próximos años y décadas para mostrar su verdadero carácter y para dejar a los nuevos Europeos (estos que nos ayudarán a construir el futuro de este continente de lado a lado con comunidades mejor establecidas) saber que son bienvenidos y que también forman parte de una Europa que abarca la diversidad y trabaja duro para ayudar a los que más lo necesitan. Dadas las actuales tendencias hacia la intolerancia, todos nosotros tendremos una responsabilidad añadida en generar empatía y entendimiento por las personas que se han vuelto hacia nosotros para que, a veces literalmente, les rescatemos.

* Barry van Driel es el Vice-Presidente de la Asociación por la Educación Intercultural, el Editor Senior a cargo de la publicación “Educación Intercultural” y el Director Internacional de Formación de Profesores y Desarrollo de Currículos en la Casa de Ana Frank. También preside el jurado para UNAOC/BMW Premio de Innovación Intercultural.