Educación para la paz: une necesidad en las escuelas, familias y comunidades

Ilham Nasser

A veces pienso en la importancia de los programas de educación para la paz en un contexto de violencia y conflicto y me pregunto si los programas tales como Aprender a Vivir Juntos constituyen más bien un lujo o un privilegio. Esta cuestión no solo se aplica a situaciones violentas sino también a casos en los que los niños viven en extrema pobreza y en condiciones familiares insanas. Otras veces, pienso sobre el papel positivo que la fe, la espiritualidad y la ética pueden jugar como vehículos importantes y puntos de partida para enseñar maneras no-violentas de vivir y de resolver los conflictos. Mi visión como educador consiste en afirmar que somos capaces de sacar adelante una nueva generación de ciudadanos del mundo más capaces de perdonar, de ser generosos, tolerantes y empáticos que las generaciones pasadas. Esto requiere un conjunto de habilidades y estrategias que no son completamente innatas sino que se aprenden en la familia, la escuela y la comunidad.

Estas reflexiones y anhelos se interrumpen al contemplar los recientes acontecimientos en Oriente Medio. Parece que la guerra civil en Siria y la violencia en Irak (otra vez) están llevando a la región hacia un futuro desalentador peor que la realidad previa a la Primavera Árabe. Los medios de comunicación prestan una atención constante a las maniobras bélicas y políticas pero se habla poco de la crisis humanitaria y del impacto de la realidad cotidiana de violencia con las mujeres, los niños y, por supuesto, contra las personas mayores. Imágenes del flujo continuo de refugiados sirios e iraquís hacia países vecinos son sobrecogedoras. Se estima que más de cuatro millones de personas, mayoritariamente mujeres y niños, se encuentran desplazados o como refugiados en países vecinos desde el estallido de la violencia en Siria. La realidad de la población palestina, especialmente en Siria, es incluso más severa porque se trata de refugiados que lo son por segunda o tercera vez.

En estos tiempos difíciles de violencia, alguien podría pensar que necesitamos atender las necesidades básicos antes incluso de hablar de paz, perdón y educación ética. Las familias refugiadas y otras víctimas en condiciones extremas tales como la pobreza y los desastres naturales, necesitan claramente alojamiento, comida y agua para sobrevivir, y yo considero que esto tiene que ir de la mano de la educación, especialmente de los más jóvenes. La educación es esencial para una vida decente de respeto, dignidad y justicia, incluso en estas situaciones extremas.

El camino a seguir una vez que los conflictos terminen o se estabilicen tiene que incluir un proceso de curación, reconciliación y perdón. Las estrategias tales como la resolución de problemas, la negociación, el diálogo y la reconciliación necesitan aprenderse en etapas tempranas de la vida para empoderar a los niños y a sus familias, y para elevar el espíritu humano. Esto refuerza mi creencia de que tenemos que preparar e implicar a las familias y a los niños en un proceso de curación y preparación, a través de valores universales tanto humanistas como espirituales.

Cuando los programas de educación para la paz se integran de manera sistemática en todos los niveles educativos, los niños adquieren continuamente un entendimiento más profundo del significado de la paz y de desarrollar nuevas habilidades para manejar los conflictos en sus vidas de maneras más colaborativas y pacíficas. Esto es una necesidad en regiones afectadas por el conflicto, así como en regiones "pacíficas". Los programas para enseñar cómo vivir juntos en la comunidad, la escuela, la familia son fundamentales para la elaboración de una agenda para la paz y para infundir valores de paz en la educación temprana de los niños.