La educación interreligiosa y su contribución a la cohesión social

La Dra. Katherine Marshall

La enseñanza interreligiosa efectiva puede contribuir a la calidad integral de los programas educativos, particularmente impulsando los objetivos de cohesión social y entendimiento común de los valores cívicos establecidos en la historia y la cultura locales. El ideal es promover y profundizar la formación duradera de valores cívicos, así como el conocimiento y las relaciones que pueden mantener el aprendizaje de vida y las comunicaciones a través de las diferencias sociales.

No existe un consenso global sobre cómo integrar enfoques interreligiosos en los programas educativos, incluidos los planes de estudios básicos y las actividades extracurriculares. De hecho, el tema es discutido en varios escenarios, especialmente donde las instituciones religiosas son vistas con cierta sospecha. Por lo tanto, no es sorprendente que el tratamiento sistemático de los temas interreligiosos en los currículos nacionales sea desde el cero (sin esfuerzo alguno) hasta currículos y valores educativos fundamentales impregnados por las enseñanzas de una tradición religiosa específica. Los ejemplos de excelencia son raros, aunque los esfuerzos creativos en una serie de entornos ofrecen conocimientos y promesas.

Las preguntas de partida básicas aquí son por qué, si es qué y cómo un enfoque integrado basado en historias religiosas y valores subyacentes podría enriquecer la educación en general. ¿Pueden, por ejemplo, mejorar las estrategias de desarrollo y consolidación de la paz?

Por qué: La razón más fundamental para centrarse en los enfoques interreligiosos es ayudar a las sociedades a superar las brechas sociales que pueden agravarse o incluso ser causadas por diferencias religiosas. El conocimiento interreligioso puede evitar las tensiones sociales que pueden conducir al conflicto y la violencia, así como las divisiones políticas que restan valor a los esfuerzos por desarrollar sociedades florecientes. Los conocimientos y habilidades que la educación interreligiosa pretende desarrollar pueden preparar a los jóvenes para enfrentarse a un mundo en rápido cambio, diverso e interconectado, en sus propias comunidades y a nivel transnacional.

Si es que: se comprende cada vez más que, si bien las instituciones religiosas y las creencias han visto un decrecimiento de su rol en algunas sociedades, en la mayoría de las regiones del mundo tienen papeles sociales centrales, profundamente involucrados en la economía, la política y la cultura. Dado que las sociedades plurales son cada vez más la norma, los ciudadanos deben aprender a convivir con diferentes comunidades. Un currículo interreligioso eficaz y bien integrado puede proporcionar un conocimiento significativo sobre las diferentes comunidades y sus creencias y evitar cualquier apariencia de búsqueda de conversión o algo parecido al adoctrinamiento.

Y cómo: La participación de los educadores y las comunidades en el diseño de los planes de estudio y la pedagogía puede enriquecer los programas y garantizar que sean apropiados al contexto, incluidas las tensiones subyacentes, los patrones de discriminación y las memorias históricas reflejadas en diferentes narrativas.

La enseñanza interreligiosa efectiva puede contribuir a la calidad integral de los programas educativos, particularmente impulsando los objetivos de cohesión social y entendimiento común de los valores cívicos establecidos en la historia y la cultura locales. El ideal es promover y profundizar la formación duradera de valores cívicos, así como el conocimiento y las relaciones que pueden mantener el aprendizaje de vida y las comunicaciones a través de las diferencias sociales.

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Se pueden integrar tres objetivos más amplios (3 C) en las reflexiones y el diseño. La educación interreligiosa puede ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre su brújula ética y sus valores fundamentales como estudiantes y ciudadanos, vinculando las enseñanzas morales personales con los valores compartidos más amplios de la sociedad. La educación ética también puede aprovechar y mejorar la curiosidad y la apertura para aprender sobre otras formas de abordar los problemas y los hitos de la vida. Y la compasión por el demás, contraria a la indiferencia y la hostilidad, es un resultado ideal de trabajar de manera sistemática para conocerse y conocer a los demás.

Muchos gobiernos y educadores necesitan ser convencidos de que el aprendizaje interreligioso y una educación más basada en valores deben ser un objetivo prioritario. También necesitan evidencia de cómo esto puede ser un enfoque práctico y generalizado, no un complemento opcional. Esto exige tanto voluntad política como pruebas sólidas. La crisis de COVID-19 debería reforzar ambos, ofreciendo ejemplos vívidos de que las desigualdades y la desconfianza mutua son fuerzas destructivas, mientras que las sociedades cohesionadas funcionan mucho mejor. A medida que continúan los debates sobre cómo "reconstruir de forma más justa", documentar las prácticas exitosas y destacar lo que se necesita para fortalecer, la cohesión social debería subrayar por qué la integración de enfoques significativos a los valores cívicos fundamentales y el conocimiento y la comprensión intercomunitarios son partes vitales de la actividad educativa.

La Dra. Katherine Marshall es Miembro Sénior del Centro Berkley para temas de Religión, Paz y Trabajo, y profesora de Práctica del Desarrollo, Conflictos y Religión en la Universidad de Georgetown. También forma parte del Grupo Asesor de Arigatou International.