El valor del juego y los valores a través del juego para los niños refugiados

Dr. Angeliki (Gelly) Aroni, Profesora de Educación Física y Capacitadora del Programa “Aprender a vivir juntos”

Jugar en sí mismo es valioso para todos los participantes. Pero utilizar las situaciones y contextos del juego para el aprendizaje y los procesos sociales agrega una importante dimensión, de hecho, agrega tanto valor como valores. 

Esto es particularmente cierto para los niños refugiados que son víctimas inocentes de la violencia, el conflicto, la guerra y el desplazamiento, y se encuentran en centros de acogida, alojamiento, refugio (o el nombre que les demos) en todo el mundo. Jugar, para estos niños, es un vehículo valioso a través del cual encuentran procesos que los llevan a la normalidad de la infancia.

Jugar contribuye a la salud física, el bienestar mental y la integración social al crear "otro espacio" dentro del centro de refugiados; un entorno seguro en el que un niño puede desarrollarse física, emocional y mentalmente. Jugar alivia la tensión, libera, abre la creatividad, construye relaciones, crea condiciones para las relaciones con los demás y, por lo tanto, con uno mismo. Pero lo que es de particular importancia para el niño refugiado es el retorno a una vida normal, el poder de acción en el aquí y el ahora, el sentido de pertenencia a esta comunidad que juega, y por lo tanto habla, creando una red de seguridad y estabilidad para el niño.

Pero, ¿de qué tipo de juego estamos hablando? ¿Cómo podemos agregar valor y valores al juego de los niños?

“Todo lo que se aborda de manera inclusiva, holística y lúdica” (2014, Moviéndonos juntos para promover el bienestar psicosocial a través del deporte y la actividad física)

En los centros de refugiados, donde la educación formal es limitada o no está disponible, el juego puede actuar como un vehículo para el aprendizaje. Cuando incorpora ética y valores, se convierte en una herramienta valiosa para incluir y comprometer no solo a grupos étnicos diferentes, sino también a niños con discapacidades o niñas refugiadas, que pueden verse privadas de otras vías de crecimiento debido a creencias culturales o tareas que les demandan mucho tiempo. Los juegos que son justos, atractivos y entretenidos contribuyen al desarrollo ético de los niños. Permítanme recordarles que, según la UNESCO, “el juego limpio se define como mucho más que jugar según las reglas. Incorpora los conceptos de amistad, respeto por los demás y el jugar siempre con el espíritu correcto. El juego limpio se define como una forma de pensar, no solo una forma de comportarse”. 

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